¡FIESTA Y MAS FIESTA! ¡QUÉ ME IMPORTA EL COVID!

Por Marcelo H. Echevarría (1)

El diario ABC de España publicó una excelente columna titulada “Las fiestas del Covid: “descerebrados” que tosen en los vasos para contagiar a los demás”.

En la citada nota periodística se informa que, más allá que España se encuentre atravesando la segunda oleada del virus, los responsables de la circulación viral sería la gente joven, menor de 30 años, con fiestas privadas y públicas.

Estos jóvenes, escupirían y tocarían los vasos, botellas y superficies con la finalidad de infectar al mayor número de gente.

Entonces:

¿Qué pasará por nuestras cabezas para realizar este tipo de eventos?

Hoy en Argentina transitamos una situación crítica a la cual desconozco si denominarla segunda ola o el verdadero pico.

Lo más grave es que hoy, mes de enero de 2021, nos encontramos ante un escenario que, parecería ser, nos sitúa en una situación de mayor complejidad respecto de los meses de agosto a octubre de 2020.

Tal es así que los médicos especialistas recurrentemente informan que en las siguientes semanas se agravará la situación epidemiológica.

Entonces, con estas conductas transgresoras realizando fiestas multitudinarias:

¿Estaremos desafiando deliberadamente a la enfermedad o será un mecanismo mental de negación?

Lo que sucedió en España o la transgresión que informan a diario los medios periodísticos respecto a la realización de fiestas clandestinas o aglomeraciones vulnerando toda medida de prevención sanitaria, da cuenta que, para muchos, la única defensa es el desafío al coronavirus.

Quizás otros no lo entiendan como un desafío y se encuentren encapsulados en la clásica afirmación “a mí no me infectará”, negando en su mente la posibilidad de un contagio, de la misma manera en que se niega ser adicto, violento o manipulador.

De una u otra forma no se podría entender que el ser humano posea estas actitudes tan ligeras ante una pandemia que, hasta días atrás, arrojaba un saldo aproximado de 1.920.000 muertes a nivel mundial, en Argentina 44.273 muertos y en España 51.874 mientras que en México 132,000 y en Brasil 201.000 muertos yendo estas cifras en constante aumento.

Nadie podría afirmar desconocer este impacto brutal.

Todos nos encontramos informados sobre sus consecuencias letales al existir las redes sociales, además del periodismo que, en la inmensa mayoría de sus notas, éstas se relacionan con la pandemia (sea por temas sanitarios, sus consecuencias económicas o sus efectos sociales).

Y si estas conductas transgresoras o negadoras las trasladamos al plano de la responsabilidad social y familiar, evidencian un gigantesco egoísmo.

La persona que provoca al contagio o niega el mismo, puede ser un potencial transmisor viral (sea con síntomas o asintomática).

Allí nace su aptitud para contagiar a un familiar que se podría encontrar entre los grupos de riesgo (sea que posea una avanzada edad o una patología preexistente que lo hace recaer dentro de la morbilidad).

Concluyo:

Mi opinión es que el problema es cultural.

Transgredimos, nos revelamos, negamos la enfermedad, no acatamos lo que la autoridad sanitaria le solicita a la población a modo prevencional, nos creemos impunes al contagio, etc.

 

Por más sanción que se imponga, solo nos puede hacer reflexionar una única situación extrema, siendo ésta el encontrarnos en una cama de hospital o de terapia intensiva o que, lamentablemente, sea un ser querido quien se encuentre en ella producto de un contagio provocado por nuestras propias conductas transgresoras.

 

Luego de eso, en nuestras mentes, habrá un antes y un después.

Lo único que deseo es que, ojalá, no sea tarde para nadie, ni para los transgresores fiesteros, ni para los negadores seriales.

(1) Abogado (UBA) – Especialista en Derecho Penal (UB)- Autor e Investigador de Derecho Penal en Argentina y en España.