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UN RELATO QUE DEJA VARIAS ENSEÑANZAS EN TIEMPOS DE CUARENTENA

Por Marcelo H. Echevarría (1)

Comenzaré relatando una situación que sucedió en el año 1994.

Cierto día dos mujeres empresarias argentinas, ambas actualmente de pública trayectoria nacional e internacional, le pregunta una a otra si no conocía un abogado.

La respuesta obviamente fue afirmativa y, al instante, le nombra no menos de cuatro firmas legales que en su momento gozaban de excelente reputación.

Pero esa empresaria buscaba un perfil atípico, necesitaba un abogado desconocido, que no se deba a firma legal alguna que pudiera tener relación con su grupo empresario de manera directa, o, indirectamente, con algún proveedor o empresas de su competencia.

Sólo deseaba de este profesional un trabajo serio y, por sobre todas las cosas, de mucha lealtad, toda vez que el conflicto era muy grave.

No era fácil esa búsqueda, considerando que ese grupo económico poseía no menos de 3000 personas trabajando en el mismo y ramificaciones por las Provincias de Argentina como en América y Europa.

La amiga le deslizó a la empresaria que se le ocurría el nombre de un abogado que recién se había recibido, toda vez que ella como su marido poseían una relación familiar con aquel y daba fe que no sería desleal, que sí se ocuparía de su tema, pero su limitación era que trabajaba solo, sin estructura y tampoco podía seguramente acreditar una sólida trayectoria en el mercado para trabajar un tema tan sensible.

Esa señora al día siguiente recibe en su casa a ese abogado novato, y le explica que poseía dos frentes siendo éstos:

a) un frente externo que, mediante un proceso judicial en curso, la competencia deseaba quedarse con un porcentaje del paquete accionario de su grupo empresario familiar, y

b) un frente interno, en donde la familia se encontraba disgregada por fricciones, enemistada entre sí, pero lo único que quería por todos los medios era que las acciones permanezcan en manos de su grupo familiar, siendo ese su objetivo final.

El esposo, como también sus hijos, poseían representaciones legales de abogados de nota.

Ella no les tenía confianza, toda vez que le insinuaban constantemente negociar el proceso judicial entregando una parte del paquete accionario, a lo cual se resistía.

Para el abogado recién recibido era su causa mas importante.

El novato le presupuesta a su potencial cliente los honorarios, y ella no sólo los aceptó, sino que le propuso una importante cifra en concepto de “premio” o “bonus” si lograba el resultado final, tal como ella lo pretendía.

Como podrán ver, esa empresaria utilizó su olfato, sexto sentido o intuición y apostó a ese profesional para que lleve adelante el trabajo de ese tema sensible que la aquejaba.

El profesional comenzó a trabajar durísimo con esa causa, impensada siendo tan joven. Pero lo sorprendió muy ingratamente una situación que ocurrió en la primera audiencia a la que acudió.

Encontrándose citadas todas las partes, seis profesionales de muchísimo renombre en ese momento, todos representantes de la contraparte del joven abogado, exteriorizaron un hecho pocas veces visto por inusual siendo éste que le rechazaron el saludo a pesar de haberle extendido la mano. Aunque sin conocerlo previamente, ni haber tenido contacto alguno, dejaron al novato con la mano extendida.

Llega el momento que el juez llama a audiencia y los hace pasar primero a los que representaban a la contraparte, dejando al joven abogado por espacio de una hora y media solo en la antesala mientras ellos hablaban dentro de la oficina vaya a saber de qué tema.

Al hacerlo pasar, el abogado se dirige al Juez y Secretario para saludarlos como es debido y, de igual manera a lo sucedido en la antesala, se encontró con la respuesta del propio Juez, “deje de lado las formalidades y los saludos y vayamos al grano, ¿Qué tiene para ofertar? La respuesta obvia fue absolutamente nada, lo que provocó un llamativo ofuscamiento del juez como de la parte contraria.

Fin de la audiencia.

El abogado novato capitalizó mucho esa situación atípica e inusual.

Sin enojo, rencor, ni resentimiento pudo vivenciar la complicidad entre la contraparte y ese magistrado, el destrato inusual por cierto realizado de manera deliberada para bajar la autoestima o asustar, acompañado por una altísima dosis de descaro toda vez que era la propia justicia quien lo obligaba a negociar, cuando no existía sentencia en firme.

Con esos antecedentes va al encuentro de su cliente, le explica todo el panorama y le asegura por lo que vio y vivenció, que el inminente fallo sería adverso toda vez que el propio juez fue el que presionó para que oferte la entrega de una parte del paquete accionario, sin aún existir sentencia que así lo obligue.

Instantáneamente le pidió permiso a su cliente y se entrevistó en privado con los hijos y esposo (todos enemistados entre sí), le contó su experiencia y le anticipó el resultado contrario a sus intereses que obtendrían en primera instancia.

Increíblemente, aquellos fueron muy receptivos y comenzaron a confiar en ese novato quien se convirtió en el representante “en las sombras” de toda la familia (digo “en las sombras” porque ellos mantenían su representación legal).

Llegó el fallo adverso y el joven abogado apela a la Cámara de Apelaciones, elaborando en soledad un pormenorizado trabajo, sin que las representaciones legales de la familia tomaran conocimiento de su contenido hasta el momento de ser presentado.

Interín, toda la familia empresaria se une a instancias de ese joven novato (lo cual era desaconsejado por los propios representantes legales de éstos) y esa familia, juntos, decidieron hacer público en los medios periodísticos lo que estaba sucediendo, generando importantísimo revuelo.

La Cámara de Apelaciones por unanimidad le dio la razón al criterio de ese profesional recién recibido.

Ese abogado novato, inexperto, recién salido a la calle, con el título recién enmarcado y colgado en un despacho de una pequeña oficina rentada, era yo.

CONCLUSIÓN

Enseñanzas que nos deja este relato:

  1. Jamás faltar el respeto a un adversario, ni descalificarlo por su juventud o presunta inexperiencia.
  2. Dejar egos de lado. En los procesos judiciales no existen ganadores ni perdedores. Sí existe un criterio que prospera mientras que otros no.
  3. La lealtad constituye el factor fundamental exclusivo y excluyente para quienes nos confían sus intereses, ya sean patrimoniales o su propia libertad.
  4. Templanza a la hora de las fricciones. Por peor exabrupto o insulto que se reciba recuerden que nada es personal. Por lo tanto, quien fricciona es porque posee un altísimo complejo de inferioridad, situación que no hace más que exteriorizar su vulnerabilidad.
  5. El profesional de cualquier rama que posee solidez argumental y conocimientos científicos o técnicos no necesita levantar la voz para imponer su criterio, toda vez que éste, excelentemente argumentado, será muy difícil de contrarrestar.
  6. Desterrar la soberbia en un conflicto de intereses, toda vez que es la principal enemiga de nuestro buen nombre en el mercado. Ser humilde y educado no significa -como muchos lo piensan- sinónimo de debilidad.
  7. Actitud positiva ante el conflicto, siempre conciliar posiciones, nunca echar leña al fuego. La negociación siempre constituye la mejor resolución y ello hace valorar mucho nuestra actividad profesional, sea de cualquier rama, no necesariamente la jurídica.
  8. Jamás asustar al cliente como estrategia para captarlo, el cliente bien sabe las implicancias y lo que podría acontecer, sino brindarle soluciones o posibles escenarios a fin de que conozca las secuelas de los pasos a seguir.

 

Por último, se me ocurrió esta publicación toda vez que hace un mes y medio (previo a la cuarentena), accidentalmente me encuentro con uno de los colegas que hace más de veinte años me rechazó el saludo en la antesala de la audiencia. Nunca antes me lo había cruzado.

Él vino a mi encuentro, me saludó cálida y efusivamente, recordándome ese proceso en donde fue mi adversario, y, tras cartón, me solicita si podía interceder para que una empresa privada – que representa mi firma legal, tal como es de público conocimiento- pueda evaluar el curriculum de su nieto toda vez que, tiempo atrás, lo había remitido a la Gerencia de Recursos Humanos.

Esa señora empresaria que me confió mi primer gran compromiso y desafío profesional como de igual manera su familia, hoy todos amigos de mi familia, a quienes asisto desde que me recibí, al contarles lo sucedido, se alegraron y no pudieron contener la risa, todo a causa de ese impensado encuentro.

(1) Abogado (UBA) – Especialista en Derecho Penal (UB)- Autor e Investigador de Derecho Penal en Argentina y en España –